¡ Menuda sorpresa me he llevado hoy en el tren! ¿A que no sabeis a quien me he encontrado? a Antonio, el abuelo al que conocí la semana pasada, que me contó su juventud, con el que me lo pasé tan bien. Al subir al tren alguien me chisteó y al girarme le encontre, tan sonriente como la última vez. Me preguntó que si quería conocer el final de su historia, aquella de sus cambios de planes, accedí encantada.

Me contó que todo el mundo le tomaba por loco cuando decidió cambiar por completo su trabajo, a pocos días de entregarlo, pero también me dijo que nunca se arrepintió, porque sufrió mucho pues era más esforzoso, consiguió sacarlo con éxito con el resto de sus compañeros, y todos estaban orgullosos del resultado. Además se habían vuelto unos expertos en montajes con tantos cambios. Sonreí al igual que él, pues en sus ojos ví superación, esfuerzo, y logro, lo mismo que yo necesitaba para motivarme para mi trabajo de la universidad. Le despedí con una amplia sonrisa, porque ya habíamos llegado a su destino, y al cerrarse las puertas, desee llegar rápidamente a la universidad, para ponerme a trabajar duro, pues aquel hombre había conseguido ilusionarme de nuevo.


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